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2 de mayo de 2011

¿Podrá sobrevivir Al Qaeda a la muerte de su jefe?

Es la pregunta que se formulan autoridades y analistas en todo el mundo. La red terrorista ya estaba golpeada por su irrelevancia en las últimas rebeliones árabes

Crédito foto: EFE

Es un golpe durísimo, no hay duda. Pero, ¿es el final? Si bien la organización terrorista fundada por el hombre que acaba de ser abatido en un operativo comando en Pakistán tenía un funcionamiento en red, y por lo tanto, con escasa centralización, Osama Bin Laden era una figura galvanizante, especialmente en lo simbólico, y gozaba de un consenso que no heredarán necesariamente sus eventuales sucesores.

Para Jean-Pierre Filiu, especialista en yijad y profesor del Intituto de Ciencias Políticas de París, "esta muerte alentará las tendencias centrífugas en el seno de Al-Qaeda".

Bin Laden murió en el mismo país donde había fundado Al-Qaeda en agosto de 1988. Se trató de la primera organización terrorista con vocación de actuar a nivel planetario, por ello, su estructura era de una gran flexiblidad. Pero la figura del jefe actuaba como elemento de cohesión entre grupos de una gran diversidad, tanto geográfica como de nacionalidades.

"La adhesión a Al-Qaeda se operaba a partir de una lealtad personal y absoluta hacia Ben Laden", dice Filiu, consultado por el diario Le Monde. "Ningún mecanismo de sucesión estaba previsto, y la ecuación personal del fundador del grupo, en términos de prestigio mediático y de carisma militante, es única".

Coincide con esto el analista en Medio Oriente de Le Figaro, George Malbrunot. Para él, Ayuman al-Zawahiri, nº 2 de la organización y posible sucesor del jefe muerto, "no tiene consenso, es una figura cuestionada", entre otras cosas, por su nacionalidad egipcia, por lo que "las relaciones entre la nueva dirigencia y las sucursales serán difíciles".

Según Filiu, el grupo terrorista puede fragmentarse aún más en un "centro" paquistaní, ajeno a la realidad árabe, una rama iraquí identificada con el sunismo más agresivo y una Al-Qaeda de la península arábica, yemenita y saudita, que se negará a alinearse con un dirigente egipcio.

Pero esta fragmentación puede ser un elemento de superviviencia o una vía que permita regenerar la organización a través de sus otras ramas y no desde el centro. "Dicha organización es una franquicia: como organización no existe", sostiene Ramón Lobo en un blog del diario El País. Es decir no se trata de un grupo centralizado, jerarquizado y de contornos claro, sino de una red diseminada en distintos países.

Malbrunot por su parte, cree que cabe esperar "actos de represalia", aunque "la capacidad operativa de la central de Al-Qaeda y de sus sucursales están muy reducidas".

Al cerco militar contra la organización se sumó en los últimos tiempos el aislamiento político fruto del hecho de que las rebeliones árabes que estallaron en Túnez y Egipto y se propagaron a otros países de la región mostraron a una población alejada del extremismo islámico y escasamente influida por Al-Qaeda.

Ésta es la tesis, por ejemplo, del editor de Medio Oriente del diario británico The Guardian, Ian Black, que afirma que "Al-Qaeda ya se había vuelto irrelevante luego de la Primavera árabe".

"Ninguna de las rebeliones que sacudieron la región, desde la tunecina de los jazmines hasta las actuales protestas contra el régimen de Assad en Siria, han implicado alguna actividad significativa del islamismo -dejando aisladas a las violentas y extremistas ideas promovidas por Bin Laden, Al-Zawahiri y otros por el estilo", sostiene Black.

Esto lo lleva a especular que, "si Osama Bin Laden estuvo siguiendo las revueltas árabes desde su escondite paquistaní, sus sentimientos deben haber oscilado entre la esperanza de nuevas oportunidades y la desesperación de ver que éstas no venían por el lado de Al Qaeda".

El analista concluye que "la idea de que Al Qaeda es un desafío serio para los regímenes árabes ha muerto -y estaba muerta mucho antes de la caída de Bin Laden: la principal fuente de cambio en Medio Oriente felizmente no está alimentado por su venenoso legado".

Consultado sobre las repercusiones que puede tener la muerte de Bin Laden para la filial magrebita de Al-Qaeda, es decir, AQMI, la rama que opera en el desierto subsahariano con ramificaciones en los países del norte de Africa, Jean Pierre Filiu cree que "va a acentuar las tensiones entre el emir y comandante de la organización,Abdelmalek Drukdal, personalmente leal a Bin Laden, y uno de sus subordinados en el Sahara, Abdelhamid Abu Zeid, que retiene hasta ahora a cinco rehenes occidentales (entre ellos, cuatro franceses) y tendría relaciones directas con Al-Zawahiri".

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